viernes, 26 de enero de 2007

Fragmento de El Autopista de Roald Dahl, me trajo recuerdos, de la infancia en el Citroen celeste y de la adolescencia en la ruta en Bariloche.

"Ante mi vi a un hombre que hacía autostop. Apreté el freno de pié y detuve el coche a su lado.

Sabía por experiencia como se sentía uno cuando se encontraba junto a una carretera rural viendo cómo los coches pasaban sin detenerse. Odiaba a los automovilistas por finigir que no me veían, especialmente los automoviles grandes con tres asientos desocupados.
Los coches grandes y caros raramente se paraban. Siempre eran los más pequeños los que se brindaban a llevarte; o los viejos y herrumbrosos; o los que ya iban llenos d críos hasta los topes y cuyo conductor decía :-me parece que, apretandonos un poco, aún cabe otro más.

El Autopist metió la cabeza por la ventanilla y preguntó

:- ¿Va usted a Londres, jefe?"

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